El jefe de turno de flotación asegura que los desafíos, el trabajo colectivo y la formación de personas marcaron su camino.


Con más de tres décadas de trayectoria, Mario Flores aún disfruta los desafíos del proceso. Nacido en Potrerillos en una familia minera, comenzó su carrera a temprana edad en Los Pelambres. Desde entonces, las plantas concentradoras son la esencia de su vida. “Yo no trabajo. Hago lo que me gusta. Entonces, para mí esto no es trabajo, sino que es parte de mi vida”, cuenta.
Su historia ha estado ligada a grandes desafíos: la puesta en marcha de Los Pelambres, trabajar en altura en Collahuasi y luego llegar a Minera Centinela para participar en procesos que, en ese momento, parecían imposibles. “Me llamaban la atención esas cosas que te exigen dar más”, recuerda.
Canalizador de ideas
Convencido de que las mejores soluciones nacen de manera colectiva, agrega: “Yo no me veo como una persona innovadora, sino como un canalizador de ideas”.
Esa forma de trabajar, basada en recoger y desarrollar propuestas junto a otros equipos, lo llevó recientemente a recibir, junto a Sergio Manzano, un reconocimiento por el proyecto Make Up de Agua en la Planta de Molibdeno.
Experiencia al servicio de los equipos
Hoy, además de liderar en la concentradora, dedica gran parte de su energía en apoyar a supervisoras nuevas y compartir experiencias. Ahí aparece una idea que lo acompaña desde sus primeros años en minería: devolver lo aprendido.
“Tuve muy buenos maestros, más que jefes”, cuenta sobre las personas que marcaron su carrera. Entre ellas menciona a Luis Tapia, quien lo impulsó a asumir nuevos retos y formarse profesionalmente. “Cuando llegué acá me dijo: ‘Ahora hay que devolver’”, recuerda. Desde entonces, Mario trabaja pensando en el futuro de las personas y los equipos. “No estoy trabajando para hoy, estoy trabajando para lo que viene en cinco o diez años más”, afirma.

0 comentarios